Cuando recibí aquella llamada a las 10 de la noche, y una voz desconocida pero cercana me decía entre pena y seriedad profesional “Diana, has dado positivo”, comenzó una cascada de emociones, decisiones y sentimientos encontrados que dio un giro de 180 grados a nuestra particular cuarentena. Y ahí comenzaron las llamadas de cariño y ánimo  que tanto me ayudaron a desterrar el miedo y manejar la situación.

Pero entre tantas frases de apoyo hubo una que comenzó a repetirse con más frecuencia de la que yo hubiera deseado: “Coger el virus es lo mejor que te podía haber pasado, así ya te lo quitas”.

Al principio supongo que mi cabeza me quiso proteger y cuando la oía era como si mi cerebro no la registrara. Pero a medida que se repetía comenzó a tintinear en mi mente hasta llegar a retumbar y dejarme una huella que poco a poco voy borrando con abrazos, sonrisas y palabras bonitas.

Os aseguro que lo he pensado y meditado mucho, intentando entender y dar credibilidad a una frase que dice poco pero en el fondo afirma mucho. Intentando que el apoyo implícito que se suponía que debía darme funcionara y me hiciera sentir mejor. Pero al final la razón siempre se imponía y me gritaba en silencio que no. No era lo mejor que me podía pasar.

Lo mejor que me podía pasar era no haberme infectado. Era no tener que imponer una distancia a mis hijos que ni ellos entendían ni yo era capaz de explicar sin la mirada nublada. Era no tener que prohibir unos besos que en esos momentos eran una auténtica medicina. Era no tener que pedir mentalmente perdón cada noche a mi marido por haberle contagiado. Era no verme obligada a vigilar síntomas a cada momento y entrar en pánico cuando la cefalea se volvía más intensa o aparecía una tos esporádica. Era no tener que intentar comportarme como una madre razonable y no aterrorizarme el día que mi niña me dijo que se encontraba fatal y no sabía explicarme cómo. Era no tener que volver a trabajar con el miedo atroz a que la pesadilla se repitiera.

Y sí, sé que soy una gran afortunada porque nuestros síntomas han sido leves. Pero te pido que si alguien te dice que ha sido contagiado, por favor no le digas que es lo mejor que le podía haber pasado, que al final acabaremos todos contagiados y que así ya se lo quita.

Cámbialo por una sonrisa y un «aquí estoy para lo que necesites». Te lo agradecerá.

Diana Martínez. Matrona


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